viernes, 29 de junio de 2012

ERROR DEL SISTEMA SEPAN DISCULPAR




Menudo error. El sábado después del partido imagine 200 formas de titular este posteo, prepare durante un rato esta especie de columna, quería compartir la alegría y decretar el alivio. Pensé en aquella tarde donde todos caímos en el área de Lanus cuando quedo sentenciada la promoción, en la ida a Córdoba a salvar la historia, la vuelta condenada y el velorio al que asistimos en el monumental. Se me vinieron a la cabeza muchísimas imágenes tristes, que quizás ahora mas sanadas sean parte de la historia, sin embargo arderán cada vez que sean nombradas. El dolor, la tristeza y la vergüenza que nos trajo el 2011, aquella culpa por disfrutar las alegrías cotidianas durante las primeras semanas, aquellos cuervos que nos recibieron bajo una lluvia fría anunciando que el viaje iba a ser largo, los fantasmas que sobrevolaron ante cualquier tropezón, algunos rayitos de sol asomaron, no vamos a ser necios, pero fueron tantos los nubarrones que la responsabilidad por no olvidar, no puede hacer de esta huida una fiesta, volví a pensar en en aquella utopía que escribía Dalmasitto un año atrás, y me fui a dormir sin siquiera escribir una sola palabra. El resto del finde y durante toda esta semana los parciales, las entregas y los nervios propios de tales desafíos me quitaron horas de sueño y tiempo para siquiera esbozar unas líneas. Menudo error en el mundo River, no escribir sobre alegrías cuando se tiene la oportunidad.
La dicotomía nos presenta la obligación de elegir hoy entre Cavenagui o Almeyda. La vida siempre fue así con River. El fiel recuerdo del maltrato esbozado hacia el Burrito Ortega posterior al título del 2008, fue nuestro último acto antes de estar sucios para siempre, sin embargo en aquel 2008 y en este 2012 los errores, tengo la sensación, provienen del sistema. Me refiero, a error del sistema, cuando todos hacen lo que tienen que hacer, sin embargo no obtenemos la respuesta que queremos. Es allí donde fallamos y menudo error...
El ABC del fútbol nos indica que el que arma el equipo es el técnico, el presidente se tiene que encargar de saciar sus deseos y poner a disposición de este los jugadores que le sean encargados.El mismo libreto expone que que los proyectos los arma el presidente, las patas se cruzan y la respuesta no nos satisface. 
Almeyda, mas allá de las malas formas con que operó, tiene razones para prescindir de Cavenagui, él tiene un año de contrato, más que mal se supone que Trezeguet jugará por lo menos una temporada más. El doble 9 ya está probado que no funciona, y con el francés adelante las posibilidades de casi todos los delanteros son nulas. El banco no le sienta bien al Cavegol, la presión de la gente, de los medios y del propio boicot crearía de cualquier murmullo una gran explosión. 
Sin embargo Cavenagui es garantía, aún más que Trezeguet. River necesita garantía de goles y calidad. Y necesita principalmente no tener que descartar entre lo mejor. La imposibilidad de convivencia es la excusa perfecta. La fina estrategia de especular en convertir a buenos y malos, aferrarse a cualquier negación y frustrar cualquier alternativa hace revisar el interior de la cuestión dirigencial, sin embargo, la necesidad de un manager debería asomar por las veredas del monumental. 
Alguien debería pensar a futuro, alguien debería administrar el capital del club y alguien tendría que responder por el plantel. El desorden que presentan las actuales disposiciones de los jugadores asustan hasta el más incrédulo: mas de 5 volantes centrales, pocos volantes exteriores, nulos organizadores, variedad de delanteros, escaces de calidad en casi todas las lineas, contratos altísimos y un capital activo disminuido en comparación con lo que debería ser. 
La ausencia de organización de la próxima pretemporada, el plan que se jacta de serlo, pero que muestra mas de un colmillo para que dudemos de tal presencia, la variedad de errores y principalmente de gestión nos hace repensar si verdaderamente existió una refundación. El 23 J puede ser tomado como un impulso. Quizás nos debería mostrar más unidos, mas leales a nuestras convicciones y más cercanos a nuestro rol. El club no puede autodestruirse por decisión del entrenador, el técnico no puede atentar contra si mismo. Un cambio de política es necesaria. El hincha no puede exigir jugadores, pero si proyectos y resultados. El desafío de los banderazos debe quedar para otra ocasión. Las cartas están echadas sobre la mesa, pero todavía no sabemos a que juego jugamos, menudo error...

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